San Gelasio I
Papa nº. 49 de la Iglesia Católica
Pontificado entre los años 492 y 496 d. C.
Papa nº. 49 de la Iglesia Católica
Pontificado entre los años 492 y 496 d. C.
San Gelasio I fue el cuadragésimo noveno Papa de la Iglesia Católica y sucesor de San Félix III.
La Santa Sede señala África como su lugar de origen, aunque algunas fuentes antiguas lo presentan como romano de ascendencia africana. Antes de ser elegido Papa había servido durante años a la Iglesia de Roma y probablemente colaboró estrechamente con su predecesor en la redacción de documentos pontificios.
Fue elegido Papa en el año 492, en un momento en que continuaba abierto el Cisma Acaciano entre Roma y Constantinopla.
Su pontificado fue relativamente breve, pero tuvo una gran importancia por su defensa de la doctrina de la Iglesia, su reflexión sobre las relaciones entre la autoridad religiosa y la autoridad civil y su preocupación por la disciplina y la vida litúrgica.
«Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.»
Mateo 22, 21
En el año 494 San Gelasio escribió al emperador Anastasio I una importante carta en la que explicó que en la sociedad existen dos ámbitos de autoridad: el poder civil y la autoridad espiritual.
Con esta enseñanza defendía que cada una de estas autoridades tiene sus propias responsabilidades y que el emperador no debía intervenir arbitrariamente en cuestiones doctrinales propias de la Iglesia.
Uno de los principales problemas que San Gelasio I tuvo que afrontar fue la continuación del Cisma Acaciano.
Roma seguía rechazando la política religiosa de Constantinopla vinculada al Henotikon y mantenía la condena del patriarca Acacio. San Gelasio defendió con firmeza las decisiones del Concilio de Calcedonia y se negó a aceptar soluciones que pudieran debilitar su enseñanza acerca de Jesucristo.
Su relación con el emperador Anastasio I estuvo marcada precisamente por estas diferencias.
En el año 494 le dirigió una célebre carta en la que explicó la relación entre la autoridad de los gobernantes y la autoridad de los ministros de la Iglesia. Esta enseñanza tuvo una gran influencia posterior en la reflexión cristiana acerca de las relaciones entre la Iglesia y el poder político.
San Gelasio también dedicó especial atención a la disciplina eclesiástica y a la vida litúrgica.
Las fuentes antiguas le atribuyen la composición de oraciones, himnos y textos litúrgicos. Aunque durante mucho tiempo se relacionó directamente con él el llamado Sacramentario Gelasiano, los estudios históricos sitúan la forma conservada de esta obra en una época posterior.
También combatió prácticas paganas que todavía permanecían vivas entre algunos habitantes de Roma y trabajó para fortalecer una vida cristiana coherente en una sociedad que estaba experimentando profundas transformaciones.
Su actividad pastoral estuvo acompañada además por una gran preocupación por los pobres y necesitados, a quienes dedicó parte importante de los recursos de la Iglesia.
San Gelasio I dejó un legado especialmente importante en la comprensión de las relaciones entre la Iglesia y la autoridad civil.
Su enseñanza recordaba que el poder político y la autoridad religiosa tienen responsabilidades diferentes y que ninguno debe apropiarse completamente de las funciones del otro.
También fue un firme defensor de las decisiones del Concilio de Calcedonia y de la doctrina cristológica que proclamaba a Jesucristo verdadero Dios y verdadero hombre.
Su preocupación por la liturgia, la disciplina y la ayuda a los necesitados muestra un pontificado que no se limitó a las controversias doctrinales, sino que también buscó fortalecer la vida cotidiana de la Iglesia.
San Gelasio I murió en noviembre del año 496, después de poco más de cuatro años de pontificado. La Santa Sede fija el final de su pontificado el 21 de noviembre de 496.
Nombre: San Gelasio I
Pontificado: 492 – 496 d. C.
Predecesor: San Félix III
Sucesor: Anastasio II
Origen: África
Fallecimiento: 21 de noviembre de 496 d. C.
Festividad: 21 de noviembre
San Gelasio I nos recuerda que nuestra fe debe influir en nuestra vida sin confundirse con la búsqueda del poder.
Vivió en una época en la que las autoridades políticas intentaban intervenir con frecuencia en los asuntos internos de la Iglesia. Frente a ello defendió que cada autoridad debía cumplir su propia misión y respetar aquello que correspondía a la otra.
Su ejemplo también nos invita a mantener nuestras convicciones con serenidad. No siempre podremos evitar los conflictos, pero sí podemos decidir cómo afrontarlos.
Podemos defender aquello que consideramos verdadero sin olvidar la caridad, el servicio y la preocupación por los más necesitados.
La verdadera fe no busca dominar, sino servir; no pretende imponerse por la fuerza, sino dar testimonio de la verdad con coherencia y amor.