Introducción
La Vigilia de Pentecostés nos invita a preparar el corazón para acoger la presencia viva del Espíritu Santo. Así como los Apóstoles perseveraban unidos en la oración junto a la Virgen María, también nosotros nos reunimos con fe y esperanza para pedir los dones que fortalecen nuestra vida cristiana.
En esta noche de oración y espera confiada, abrimos nuestra alma a la acción del Espíritu de Dios, para que renueve nuestro corazón, avive nuestra fe y nos impulse a ser testigos del Evangelio en medio del mundo.
Oración para la Vigilia de Pentecostés
Señor Dios, Padre todopoderoso,
aquí estoy en el silencio de esta noche,
con el corazón abierto en actitud de espera,
como los Apóstoles y María en el Cenáculo.
Me uno hoy, en oración, para guardar tu promesa.
Reconozco mi debilidad, mis miedos
y mis dudas,
pero sé que tu amor es más grande
que cualquier temor.
Por eso, hoy preparo mi alma,
deseando ese soplo divino
que lo transforma todo.
Ven, Espíritu Santo,
viento recio que quita el desánimo
y abre de par en par las puertas de mi vida.
Ven, fuego del cielo,
luz ardiente de amor,
y enciende en mí el deseo de servirte con alegría.
Limpia lo que esté seco,
sana lo que esté herido
y renueva mis fuerzas para el día de mañana.
No quiero ser el mismo de antes.
Deseo un cambio real en mi corazón.
Señor, que mi alma y mi boca
se llenen de tu alabanza.
Cambia mi voz para que sea
un eco de tu verdad,
un canto de unión y de esperanza para el mundo.
Quédate conmigo en esta noche de espera
y prepárame para recibir el don de tu presencia.
Ven, Espíritu Santo, ven.
Quédate con nosotros.
Amén.