Introducción
La soberbia es el pecado por el cual una persona se considera superior a los demás y pone su propia voluntad por encima de la voluntad de Dios. El soberbio busca su propia gloria, le cuesta reconocer sus errores y puede llegar a despreciar o menospreciar a quienes le rodean.
Aunque todos tenemos talentos y cualidades, la soberbia aparece cuando olvidamos que todo bien procede de Dios y comenzamos a creer que no necesitamos su ayuda ni la de los demás.
«Dios resiste a los soberbios y da su gracia a los humildes.»
(Santiago 4, 6)
«El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.»
(Lucas 14, 11)
Creer que siempre se tiene la razón.
No aceptar correcciones.
Buscar constantemente la admiración de los demás.
Despreciar o juzgar a otras personas.
Pensar que no se necesita a Dios.
La soberbia cierra el corazón a la gracia de Dios. Dificulta el arrepentimiento, debilita la vida espiritual y puede generar conflictos con los demás.
La humildad.
La humildad no consiste en pensar mal de uno mismo, sino en reconocer la verdad: que todo lo que somos y tenemos es un regalo de Dios.
Reconocer los propios errores.
Agradecer a Dios los dones recibidos.
Escuchar a los demás con respeto.
Practicar actos de servicio desinteresado.
Acudir con frecuencia al sacramento de la Reconciliación.
Señor Jesús, enséñame a vivir con humildad.
Aleja de mí el orgullo y la vanidad.
Ayúdame a reconocer que todo lo bueno procede de
Ti y a servir a los demás con sencillez y amor.
Amén.
¿Me cuesta reconocer mis errores?
¿Busco más mi propia gloria que la de Dios?
¿Trato a los demás con humildad y respeto?