El Cónclave es la reunión de los cardenales convocada para elegir a un nuevo Papa cuando la Sede Apostólica queda vacante, ya sea por el fallecimiento o por la renuncia del Pontífice.
La palabra “cónclave” significa literalmente “con llave”, y recuerda el carácter reservado y recogido de este momento. No se trata de una elección política ni de una campaña humana, sino de un tiempo de oración, responsabilidad y discernimiento para buscar, bajo la acción del Espíritu Santo, al nuevo sucesor de San Pedro.
Durante el período de Sede Vacante, la Iglesia queda sin Papa, pero no queda abandonada. La vida de la Iglesia continúa, y los cardenales se reúnen para preparar la elección con fidelidad, prudencia y oración.
En el Cónclave participan los cardenales electores, que son llamados a votar de manera libre y secreta. La elección requiere una amplia mayoría, para que el nuevo Papa sea recibido como signo de comunión y no como fruto de una división.
Cuando un cardenal es elegido y acepta la misión, se convierte en Papa desde ese momento. Después elige el nombre con el que será conocido durante su pontificado.
La fumata blanca anuncia al mundo que la Iglesia tiene un nuevo Papa. Poco después, desde el balcón central de la Basílica de San Pedro, se proclama el tradicional anuncio: “Habemus Papam”, que significa: “Tenemos Papa”.
El Cónclave nos recuerda que el Papado no es una conquista personal, sino una llamada de servicio. Quien es elegido recibe una misión grande y exigente: confirmar a sus hermanos en la fe, cuidar la unidad de la Iglesia y servir al Pueblo de Dios como sucesor de Pedro.