San Zacarías
Papa nº. 91 de la Iglesia Católica
Pontificado entre los años 741 y 752 d. C.
Papa nº. 91 de la Iglesia Católica
Pontificado entre los años 741 y 752 d. C.
San Zacarías procedía de una familia de origen griego asentada en Calabria. Antes de ser elegido papa había formado parte del clero romano y probablemente ejerció como diácono de la Iglesia de Roma. En diciembre del año 741 sucedió a San Gregorio III en la sede de Pedro.
Su pontificado comenzó en un momento especialmente delicado. La presencia bizantina en Italia se debilitaba progresivamente, mientras los lombardos aumentaban su poder y amenazaban distintos territorios vinculados a Roma y al exarcado de Rávena.
San Zacarías destacó por su carácter conciliador y por una notable capacidad diplomática. En vez de recurrir únicamente al enfrentamiento, buscó personalmente el diálogo con los gobernantes lombardos, consiguiendo importantes acuerdos que contribuyeron a proteger Roma y recuperar territorios ocupados.
«Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.»
Mateo 5, 9
La actuación de San Zacarías frente a los lombardos estuvo marcada por el diálogo y la búsqueda de soluciones pacíficas. Su capacidad para negociar con el rey Liutprando permitió recuperar territorios y evitar nuevos enfrentamientos, mostrando cómo la prudencia y la paz pueden convertirse también en formas de servicio a la Iglesia y a la sociedad.
Una de las actuaciones más importantes de San Zacarías fue su relación con el rey lombardo Liutprando. El papa se entrevistó personalmente con él y consiguió la devolución de diversos territorios que habían sido ocupados. También intervino para evitar un ataque contra Rávena y favorecer la restitución de tierras tomadas por los lombardos.
San Zacarías mantuvo igualmente una estrecha relación con San Bonifacio, el gran evangelizador de los pueblos germánicos. Confirmó nuevas diócesis y respaldó su labor de reforma y organización de la Iglesia en los territorios francos y germanos.
Durante su pontificado celebró sínodos en Roma destinados a fortalecer la disciplina eclesiástica y respondió a numerosas cuestiones pastorales planteadas por obispos y misioneros.
Otro acontecimiento de gran importancia fue su intervención en la situación política del reino franco. Consultado acerca de quién debía poseer legítimamente la dignidad real, San Zacarías consideró que debía ejercerla quien realmente desempeñaba la autoridad. Esta decisión favoreció el ascenso de Pipino el Breve y contribuyó al acercamiento progresivo entre el papado y los francos.
También destacó por su preocupación por los necesitados. Entre otras actuaciones, intervino contra el comercio de esclavos en Roma y contribuyó a liberar a personas que iban a ser vendidas fuera de Italia.
San Zacarías murió el 15 de marzo de 752, después de algo más de diez años de pontificado.
San Zacarías dejó la imagen de un papa prudente, cercano y hábil para resolver conflictos mediante el diálogo. Su política frente a los lombardos permitió proteger Roma en una etapa de enorme inestabilidad política.
Su apoyo a San Bonifacio contribuyó además a consolidar la organización de la Iglesia en Europa central, mientras que su relación con los francos preparó el terreno para la alianza que durante las décadas siguientes transformaría profundamente la historia del papado y de Europa occidental.
Su pontificado señala así una etapa de transición entre la antigua dependencia de Roma respecto al Imperio bizantino y el creciente acercamiento de la Iglesia romana hacia los pueblos y reinos de Occidente.
Nombre: San Zacarías
Pontificado: 3 de diciembre de 741 – 15 de marzo de 752
Predecesor: San Gregorio III
Sucesor: Esteban II
Origen: Familia de origen griego, Calabria
Fallecimiento: 15 de marzo de 752
Festividad: 15 de marzo
San Zacarías nos recuerda que la firmeza no siempre necesita expresarse mediante el enfrentamiento. En muchas ocasiones, escuchar, dialogar y buscar sinceramente la paz exige tanta valentía como defender abiertamente nuestras convicciones.
Su vida nos invita a pedir a Dios sabiduría para afrontar los conflictos, buscando siempre caminos de reconciliación sin renunciar a la verdad ni al bien de los demás.