San Benedicrto II
Papa nº. 81 de la Iglesia Católica
Pontificado entre los años 684 y 685 d. C.
Papa nº. 81 de la Iglesia Católica
Pontificado entre los años 684 y 685 d. C.
San Benedicto II fue un papa romano que sucedió a San León II. Desde joven estuvo vinculado al servicio de la Iglesia y recibió una sólida formación en las Sagradas Escrituras, la liturgia y el canto eclesiástico.
Fue elegido papa tras la muerte de San León II, aunque su consagración se retrasó durante varios meses debido a la necesidad de recibir la confirmación del emperador bizantino.
«Servid al Señor con alegría.»
Salmo 99,2
Durante su pontificado se dieron pasos importantes para reducir la dependencia de Roma respecto al poder imperial en la confirmación de la elección de los papas.
San Benedicto II mantuvo buenas relaciones con el emperador Constantino IV y continuó trabajando por la unidad entre Roma y Constantinopla después de las controversias doctrinales relacionadas con el monotelismo.
Uno de los aspectos más destacados de su pontificado fue precisamente la cuestión de la elección papal. El emperador permitió que la confirmación de los nuevos pontífices pudiera realizarse con mayor rapidez, evitando las largas esperas que en ocasiones se producían entre la elección y la consagración del papa.
También se preocupó por la disciplina eclesial, el cuidado de las iglesias de Roma y la vida litúrgica de la comunidad cristiana.
San Benedicto II dejó el recuerdo de un pastor humilde, culto y profundamente dedicado al servicio de la Iglesia.
Aunque su pontificado fue muy breve, contribuyó a fortalecer la autonomía práctica de la Iglesia de Roma en la elección de sus pontífices y continuó la tarea de reconciliación doctrinal emprendida por sus predecesores.
Falleció el 8 de mayo de 685.
Nombre: San Benedicto II
Pontificado: 26 de junio de 684 – 8 de mayo de 685
Predecesor: San León II
Sucesor: Juan V
Origen: Roma
Fallecimiento: 8 de mayo de 685
Festividad: 7 de mayo
San Benedicto II nos enseña que el servicio a la Iglesia no depende de la duración de nuestra misión, sino de la entrega con la que la vivimos.
Su ejemplo nos anima a poner nuestros dones al servicio de Dios y de los demás, trabajando siempre por la unidad, la paz y la fidelidad al Evangelio.
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