Juan V
Papa nº. 82 de la Iglesia Católica
Pontificado entre los años 685 y 686 d. C.
Papa nº. 82 de la Iglesia Católica
Pontificado entre los años 685 y 686 d. C.
Juan V fue un papa de origen sirio, hijo de un hombre llamado Ciriaco. Antes de ser elegido pontífice había destacado por su formación, prudencia y capacidad diplomática.
Siendo diácono representó a la Santa Sede en el III Concilio de Constantinopla, celebrado entre los años 680 y 681, y regresó a Roma llevando consigo las actas oficiales del concilio.
«Bienaventurados los que trabajan por la paz.»
Mateo 5,9
Juan V vivió en una época en la que Roma y Constantinopla trataban de superar las graves disputas doctrinales que habían marcado las décadas anteriores.
Juan V fue elegido papa en la basílica de San Juan de Letrán y pudo ser consagrado sin tener que esperar durante largos meses la confirmación directa del emperador bizantino, como había ocurrido con varios de sus predecesores.
Durante su breve pontificado intervino en cuestiones relacionadas con la organización eclesiástica de Cerdeña. Determinó que la sede de Turris quedara directamente sometida a la autoridad de la Santa Sede, frente a las pretensiones del arzobispo de Cagliari.
También destacó por su atención a los más necesitados y por las ayudas económicas que distribuyó entre el clero y las instituciones dedicadas a atender a los pobres.
Juan V fue recordado por su energía, su formación y su moderación. Su experiencia diplomática y su participación en el III Concilio de Constantinopla favorecieron las relaciones entre Roma y el Imperio bizantino.
Su pontificado fue breve, pero continuó fortaleciendo la autoridad de la sede romana y atendiendo tanto a las necesidades de la Iglesia como a las de los más pobres.
Tras una larga enfermedad, falleció el 2 de agosto de 686 y fue sepultado en la basílica de San Pedro.
Nombre: Juan V
Pontificado: 23 de julio de 685 – 2 de agosto de 686
Predecesor: San Benedicto II
Sucesor: Conón
Origen: Siria
Fallecimiento: 2 de agosto de 686
Festividad: No consta
Juan V nos recuerda que la formación, la prudencia y el espíritu de servicio son instrumentos valiosos para trabajar por la unidad de la Iglesia.
Su ejemplo nos invita también a no olvidar a los más necesitados y a ejercer cualquier responsabilidad que recibamos con generosidad, justicia y caridad.
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Conón →